La amígdala, ese pequeño gigante emocional, puede relacionarse con la esquizofrenia y el autismo

La Amígdala cerebral no es una, sino dos

En este espacio hemos tratado el tema de la amígdala en varias publicaciones:

Cuando se habla de la Inteligencia Emocional, es común explicar la relación de los tres cerebros en nuestro cráneo con base en la teoría del cerebro triple de Paul MacLean  (Reptiliano, Límbico y Neo Cortex); y de manera específica mencionar la importancia de la amígdala (que en realidad no debería mencionarse como una parte específica, sino como un complejo amigdalino).

El complejo amigdalino regula constantemente nuestra conducta. Complejos circuitos internos formados entre los núcleos amigdalinos permiten a esta estructura asociar respuestas autónomas simples a respuestas conductuales más elaboradas; regulando la producción de respuestas emocionales tanto innatas como aprendidas.

Es de tal importancia el complejo amigdalino que no solo genera reacciones emocionales, sino que condiciona nuestra memoria, el aprendizaje y la manera en que interactuamos socialmente.

Experimentos llevados a cabo al respecto por Joseph LeDoux, apoyan la existencia de sistemas anatómicos diferenciados para el almacenamiento de los recuerdos de sentimientos y emociones, según sean estos conscientes o inconscientes.

En recientes estudios se ha encontrado diferencias incluso entre las funciones de las dos amígdalas, así, las conexiones con la amígdala derecha facilitan un mejor seguimiento o vigilancia de estímulos externos, y las conexiones con la amígdala izquierda facilitan un mejor seguimiento o vigilancia de estímulos internos.

Los recuerdos y experiencias con mucha carga emocional, hacen que nuestras conexiones sinápticas estén asociadas a esta estructura, provocándonos efectos tales como taquicardias, aumento de la respiración, liberación de hormonas del estrés, etc.

Personas que por ejemplo tienen la amígdala dañada, serían incapaces de detectar situaciones de riesgo o peligro.

A continuación las conclusiones del documento El complejo amigdalino humano y su implicación en los trastornos psiquiátricos. El cual, si bien es un enfoque médico, sustenta la importancia de la amígdala como factor, no solo de la inteligencia emocional, sino del comportamiento humano en la interacción social y su relación con trastornos como la esquizofrenia o el autismo.

Se ha comprobado en repetidos estudios que las diversas alteraciones en la estructura del complejo amigdalino están implicadas en la patogenia de diferentes enfermedades mentales. Así pues, vemos cómo una disminución en el volumen de dicho complejo se relaciona con enfermedades de tipo esquizofrenia. Se observa una disminución de volumen de manera bilateral en los varones afectos de esquizofrenia, en quienes la sintomatología de esta enfermedad es, en líneas generales, más cruda, y su respuesta al tratamiento es, en conjunto, menor. En mujeres esquizofrénicas también se ha observado, aunque de manera unilateral, dicha disminución de volumen amigdalino. De igual modo, se han constatado otras alteraciones estructurales, como crecimiento de los ventrículos laterales y disminución del volumen del lóbulo temporal en su parte medial. Otro trastorno con cambio estructural amigdalino claro es el de la alteración del ánimo, donde se ha encontrado un volumen amigdalino izquierdo disminuido.

Hay otros procesos, en cambio, que aunque guardan poca relación con alteraciones estructurales amigdalinas –encontramos un complejo amigdalino dentro de límites anatómicos considerados como normales–, tienen una función de dicha estructura subcortical ampliamente alterada. Tal es el caso del autismo. En experimentos realizados con sujetos adultos que padecían autismo de alta funcionalidad o con sujetos con síndrome de Asperger –ambas entidades de las que es difícil establecer un diagnóstico diferencial–, se observó que el volumen amigdalino era similar en ambos grupos, no pudiendo encontrarse diferencias macroscópicas. Sin embargo, cuando se requería a dichos sujetos a realizar una determinada tarea, en concreto, la de atribuir estados mentales a otros sujetos viendo sólo sus ojos, los sujetos de control activaban de manera importante su complejo amigdalino, especialmente el izquierdo, mientras que los pacientes con las citadas patologías activaban otras estructuras telencefálicas, pero en ningún caso activaban el complejo amigdalino. En su lugar, como una “compensación”, el mayor poder de respuesta se observó en el giro temporal superior bilateral. Se veía así claramente la implicación del complejo amigdalino en la patogenia de ciertos aspectos del autismo, en concreto en la habilidad de la que tan característicamente carecen los sujetos con autismo, que es la denominada “inteligencia social”. No se han podido demostrar alteraciones en el volumen amigdalino en adultos con autismo, aunque sí en niños. En estos últimos se ha comprobado que existe un volumen amigdalino aumentado. Pero parece suceder que al llegar a la adolescencia, se iguala el tamaño de esta estructura subcortical.

Pero no sólo las alteraciones estructurales o funcionales del complejo amigdalino están implicadas en las distintas patologías, sino que la destrucción bilateral del complejo amigdalino, o bien la destrucción de las vías que lo conectan con el resto del encéfalo, puede originar por sí sola una enfermedad: el síndrome de Klüver-Bucy. En ella, el paciente pierde la capacidad de reconocer los objetos que percibe o, siendo más precisos, pierde la capacidad de dotar de cualidades emocionales al objeto que tiene delante. Es incapaz de distinguir si ese objeto es apto para ser ingerido, por ejemplo. Esto se traduce en la hiperoralidad, o la tendencia que tienen estos pacientes a oler el objeto, ya que necesitan valerse de otros medios para saber de qué objeto se trata. En este ejemplo se aprecia la gran implicación del complejo amigdalino en dotar de cualidades afectivas a lo material, a lo externo, incluyendo por supuesto al miedo o la ansiedad ante diversas situaciones vitales, todo ello características principales atribuibles al complejo amigdalino.

A la vista de todo lo expuesto anteriormente, queda clara la gran implicación del complejo amigdalino en numerosas patologías psiquiátricas o trastornos neuropsiquiátricos relacionados. Faltan aún numerosos estudios por realizar, para confirmar o reforzar los hallazgos obtenidos hasta el momento, pero, a la luz de los datos actuales, el complejo amigdalino se revela como una estructura importante para descifrar el enigma de estas enfermedades mentales que son todavía hoy tan difíciles de comprender desde el punto de vista neurobiológico.

Fuentes: Ledo-Varela, M. T., Giménez-Amaya, J. M., & Llamas, A.. (2007). El complejo amigdalino humano y su implicación en los trastornos psiquiátricos. Anales del Sistema Sanitario de Navarra30(1), 61-74. Recuperado en 18 de septiembre de 2022, de http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1137-66272007000100007&lng=es&tlng=es.

Pozzi, D. (2020, 8 diciembre). La amígdala, ¿centro de las emociones? Hablemos de Neurociencia. Recuperado 18 de septiembre de 2022, de https://hablemosdeneurociencia.com/la-amigdala-centro-las-emociones/

Día de la Felicidad


La Asamblea General de la ONU en fecha de 12 de julio de 2012 decretó el 20 de marzo como Día Internacional de la Felicidad, para reconocer la importancia de la felicidad y el bienestar como sueños universales de los seres humanos y la importancia de su inclusión en las políticas de gobierno. Las Naciones Unidas invita a todos los Estados Miembros, las organizaciones del sistema de la ONU, las demás organizaciones, a la sociedad civil, incluidas las organizaciones no gubernamentales y los particulares, a observar de manera adecuada el Día Internacional de la Felicidad, por medios como actividades educativas y de concienciación.

 

Los Países más y los menos felices en el mundoGlobal-Happiness-Levels-2021-Main-Graphic

 

El Modelo PERMA de la Psicología Positiva para la Felicidad

Diez mitos sobre la vida de las mujeres

En una publicación anterior mencioné el libro de Marcus Buckingham ‘La mujer que lo tiene todo’ respecto a su visión acerca del desequilibrio para que la Mujer encuentre plenitud en la vida (Ve a la publicación aquí).

En esta ocasión comparto los 10 mitos que Buckinham señala acerca de la vida de las mujeres, espero te sea de valor tener presentes estas perspectivas:

1. Como resultado de tener mejor preparación académica, mejores trabajos y mejores salarios, las mujeres hoy en día son más felices y se sienten más realizadas que hace cuarenta años. 
En realidad, lo opuesto es verdad. Encuestas realizadas a más de 1.3 millones de hombres y mujeres revelan que hoy en día las mujeres son menos felices de lo que eran hace cuarenta años atrás y en comparación con los hombres. 

2. A medida que envejecen, las mujeres se vuelven más dedicadas y se sienten más satisfechas. 
No, esto les ocurre a los hombres. Según un estudio realizado con cuarenta y seis mil hombres y mujeres, y que duró cuarenta años, las mujeres comienzan la vida sintiéndose más satisfechas que los hombres, y luego comienzan gradualmente a sentirse menos satisfechas con cada aspecto de sus vidas: el matrimonio, las finanzas, sus posesiones, y hasta la familia. 

3. En el trabajo, las mujeres están relegadas a posiciones con roles inferiores. 
En realidad, un porcentaje más alto de mujeres (37%) tiene trabajos de gerencia o supervisión, en comparación con los hombres (31%). 

4. La mayoría de los hombres piensa que el varón debe ser el proveedor primario de la casa y que la mujer debe ser la principal responsable del hogar y la familia. 
La mayoría de los hombres solía pensar esto. El setenta y cuatro por ciento de los hombres estaba de acuerdo con esta información en 1977, Hoy en día, sin embargo, ese número se ha reducido a sólo un cuarenta y dos por ciento – lo que resulta ser casi exactamente el porcentaje de mujeres que está de acuerdo con ella (treinta y nueve por ciento). La opinión sobre qué roles son más apropiados para que desempeñen los hombres o las mujeres no está determinada hoy en día por el género. 

5. Las mujeres preferirían trabajar para otras mujeres. 
Para la mayoría no es así. De hecho, casi el doble más de las mujeres quiere trabajar bajo la dirección de hombres en vez de mujeres –cuarenta por ciento comparado veintiséis por ciento-, y al restante le da lo mismo uno o el otro. 

6. Si las mujeres tuvieran más tiempo libre, se sentirían menos estresadas. 
No parece ser cierto. Según un estudio que duró veinticinco años, cada hora extra de tiempo libre duplica la sensación de relajamiento en un hombre, pero no tiene ningún efecto en la mujer. 

7. Las mujeres se sienten más felices cuando tienen hijos. 
No necesariamente. Resulta que los hijos producen mucho estrés. Todos los estudios que asocian el estrés y la satisfacción con la maternidad revelan la misma conclusión: las mujeres casadas con hijos siempre están más estresadas y son menos felices que las mujeres casadas sin hijos. (Amo mis hijos, y tú también, pero este hallazgo ha sido repetido tantas veces y en tantos países diferentes, que no puede ignorarse).

8. Los hijos quieren pasar más tiempo con las madres que trabajan fuera del hogar. 
No de acuerdo a los hijos. La mayoría de las madres cree que sí, pero cuando se les preguntó a mil niños entre el tercer grado y el duodécimo grado qué era lo que más querían de sus madres, sólo el diez por ciento dijo ‘más tiempo’. La respuesta más frecuente (34%) fue: ‘Quiero que mi mamá no esté tan estresada ni cansada’ 

9. Las mujeres son buenas en llevar a cabo multitareas y esto las ayuda a completar todas sus tareas. 
Dos ‘no’ a esta afirmación. En primer lugar, las mujeres no son mejores que los hombres con respecto a las multitareas (ten en cuenta que estas son pruebas en un laboratorio, no en tu casa). En segundo lugar, las investigaciones muestran que tu cociente de inteligencia baja diez puntos cuando tratas de hacer dos cosas a la misma vez; o sea, las multitareas son una forma bonita de decir ‘atención dividida’ 

10. Las mujeres hacen más trabajo en el hogar por semana que los hombres. 
Listo, este es cierto. (Diecisiete horas para las mujeres y trece horas para los hombres).