Eres más capaz de lo que Crees

¿Eres una persona competente y dudas de tus capacidades?

¿Eres una persona capaz y aun así sufres de inseguridad?

No te preocupes estás bajo el efecto Dunning-Kruger o Síndrome del Impostor.

¿Tienes un jefe que no valora tus contribuciones?

¿Tienes un compañero que cree que lo sabe todo y, en los hechos, es un incompetente?

¿Tu jefe te asigna actividades básicas y no aprovecha tu potencial?

¿Conoces una persona que presume de su experiencia, conocimiento y capacidad para solucionar problemas, más sus resultados son pobres y no parece darse cuenta de ello?

Ellos también están bajo el efecto Dunning-Kruger

En psicología social, el efecto Dunning-Kruger es un sesgo cognitivo en virtud del cual los individuos incompetentes tienden a sobreestimar su habilidad, mientras que los individuos altamente competentes tienden a subestimar su habilidad en relación con la de otros. Está relacionado con el sesgo cognitivo de la superioridad ilusoria.

El efecto Dunning-Kruger fue descrito por los psicólogos sociales David Dunning y Justin Kruger en 1999. Sus resultados fueron publicados en el Journal of Personality and Social Psychology de diciembre de 1999 y les hizo merecedores, a ambos, del Premio Nobel de Psicología en 2000.

En sus propias palabras, el sesgo resulta de:

  • Una ilusión interna en personas incompetentes.
  • Una percepción externa errónea en personas competentes.

“La mala calibración del incompetente se debe a un error sobre uno mismo, mientras que la mala calibración del altamente competente se debe a un error sobre los demás”.

Kruger y Dunning investigaron cierto número de estudios previos que tendían a sugerir que, en diversas habilidades como la comprensión lectora, conducción de vehículos de motor y juegos como el ajedrez o el tenis, «La ignorancia genera confianza más frecuentemente que el conocimiento». Su hipótesis es que, en una habilidad típica que los humanos poseen en mayor o menor grado:

  • Los individuos incompetentes tienden a sobrestimar su propia habilidad.
  • Los individuos incompetentes son incapaces de reconocer la habilidad de otros.
  • Los individuos incompetentes son incapaces de reconocer su extrema insuficiencia.

Si pueden ser entrenados para mejorar sustancialmente su propio nivel de habilidad, estos individuos pueden reconocer y aceptar su falta de habilidades previa.

Mientras tanto, la gente con conocimiento real tiende a subestimar su competencia.

Ahora que ya conoces el efecto Dunning-Kruger y consideras que estás sufriendo del síndrome del impostor, ten presente lo siguiente:

  • Primero lo primero. Este fenómeno psicológico no dura para siempre es como un valle momentáneo en donde caemos. Ahora, si estás constantemente en él, considera ayuda profesional.
  • La realidad es que es poco común que dures mucho tiempo en ese estado, así que eventualmente volverás a recuperar tu seguridad personal.
  • Aprende a ver las cosas por lo que realmente son. Realiza una lista de tus fortalezas y debilidades, de tus logros reconocidos por los demás, de tus “fracasos” junto con los aprendizajes que te generaron (si lo requieres, esfuérzate en generar al menos TRES aprendizajes por cada fracaso).
  • Aprender a ver el mundo como realmente es y no por como creemos o queremos que sea, nos va a ayudar no solo a evitar el síndrome del impostor, sino a apreciar más la vida y a sufrir menos cuando caigamos.
  • Haz una lista objetiva de los porqués. Cuando sientas que no mereces lo que tienes (bueno o malo) haz una lista y mira cómo tus acciones y situaciones te llevaron allí. Si el resultado no es el que esperabas tendrás suficiente información como para mejorar los caminos que te llevaron a ese estado.
  • Enfréntate a la cruda realidad de que si estás ahí es por una razón. Los indicios de sentirse una farsa, usualmente, se dan frente a retos que se nos presentan. Has dado presentaciones, pero “no frente a tanta gente” no crees que puedas hacerlo, no mereces hacerlo. Créeme que si no lo merecieras no estarías ahí.
  • No todo es tan malo. El síndrome del impostor, es bueno para mantener en calma esa parte de nuestro cerebro que desea elevarse por encima de los demás y nos hace ser engreídos. Solo procura mantenerlo en control para que te mantenga los pies en la tierra y no debajo de ella.
  • Relájate. Nadie es tan malo ni tan bueno. Si algo te falta, haz un espacio e identifica tus recursos para obtenerlo. Disfruta del proceso de aprender, no tienes que leer todo un libro de 300 páginas; revisa el contenido, los títulos, los gráficos, las frases resaltadas y detente en lo que llame tu atención; te sorprenderás de lo que habrás aprendido después de cinco minutos de tu atención.  

¿Quién soy?

“¿Quién soy?” es una de esas preguntas existenciales que, si no sabemos responder, pueden llegar a convertirse en un obstáculo a la hora de ser felices. Saber quién es uno mismo y hacia dónde queremos ir es una de las bases para encontrar bienestar no ya en los grandes proyectos, sino en todos los detalles de la cotidianidad.

Pero no poder responder a esta pregunta en un momento no quiere decir que todo esté perdido. Actualmente no hay nada que nos haga suponer que la capacidad para plantearse adecuadamente y responder con éxito la cuestión “¿quién soy?” sea en sí misma una capacidad innata, algo inamovible e independiente de nuestras elecciones y el ambiente en el que elegimos vivir.  En ocasiones, es necesario hacernos esta pregunta para poder seguir creciendo, pues es un indicador de si estamos en el camino correcto.

No se trata de responder con una frase específica, concreta, como si de un eslogan vital se tratase. Lo importante es comprobar, desde la propia subjetividad, hasta qué punto podemos llegar a reconocer una serie de ideas e imágenes que identificamos con nosotros mismos. La respuesta a la pregunta “¿quién soy?” está siempre más allá de las palabras.

Por eso merece la pena detectar hasta qué punto ciertas sensaciones de malestar pueden tener su foco en estas dudas acerca del significado de la propia existencia y la propia identidad.

Si no podemos responder a esta pregunta, ello puede significar que estamos pasando por una crisis de identidad, un periodo de nuestra vida en el que podemos experimentar profundas dudas sobre nosotros mismos, dudas sobre el sentido de la existencia acompañadas de sentimientos de vacío, soledad.

Cuando conseguimos responder de nuevo a esta pregunta, nos volvemos a reenganchar al ritmo de los acontecimientos que suceden en nuestra vida, consiguiendo ser, esta vez, mucho más conscientes de lo que nos rodea y más realistas en nuestros pensamientos. Volvemos a empoderarnos frente a la vida.

La identidad se va forjando a lo largo de la vida, pero hay una etapa o periodo crítico en que tiene especial relevancia: la adolescencia. Ya lo resaltaba el psicólogo Erik Erikson en su Teoría del Desarrollo Psicosocial. Erikson afirmó que el mayor obstáculo que debe enfrentar el desarrollo de los adolescentes es el establecimiento de una identidad. Para el autor, la construcción de la identidad no se puede entender sin la interacción con los demás.

El “¿quién soy?” también afecta y se ve afectado por la autoestima: ¿Me quiero mucho o poco o nada? ¿Soy lo que quiero ser?, y la autoeficacia: ¿Soy capaz de ir a dónde quiero ir? ¿Soy capaz de ser lo que quiero ser? por tanto, saber quién eres te hace más fuerte y, a pesar de las adversidades que puedan presentarse en tu vida, te ayuda a superar las dificultades.

La identidad tiene un gran componente emocional, y saber “quien soy” también lo tiene. De manera resumida, algunas de las características que debes de considerar respecto a la construcción de la identidad son las siguientes:

La identidad se desarrolla en interacción con otros.
La identidad es una definición socialmente construida del ser.
La identidad es un fenómeno subjetivo, con un fuerte componente emocional.
La formación de la identidad implica un proceso de reconocimiento y de valorización de uno mismo y de las posibilidades para hacer frente a los retos.

Saber “quién soy” puede no ser siempre fácil. Y para algunos individuos se convierte en una pregunta complicada, pues les da miedo afrontar la realidad. Cuando no sabes quién eres, ni dónde estás, ni sabes el camino que quieres seguir en la vida, la ansiedad, el malestar y el miedo pueden tomar el control sobre ti. Esto es lo que se conoce como una crisis existencial, y puede ser mentalmente muy agotador, además de provocar trastornos psicológicos si no se resuelve la situación de manera correcta.

La crisis existencial es una crisis de identidad, y la solución está en volver a conectar con uno mismo.

El secreto: Define un propósito.

Fuente: Psicología y Mente