Inteligencia emocional y Educación

Desde hace ya algunos años se ha establecido que la inteligencia emocional (IE) tiene un mayor impacto en el éxito de las relaciones y satisfacción personal de una persona. Sin embargo, el esquema de educación en las escuelas, en especial las de enseñanza básica (primaria y secundaria), sigue teniendo como base el intelecto o el nivel de coeficiente intelectual (CI) de un alumno.
En los próximos años se deberá reforzar la importancia del desarrollo de habilidades emocionales para que la sociedad tenga una perspectiva de futuro positiva. En esta ocasión te comparto un artículo de la Universidad de Málaga en España, en el que se refuerza esta necesidad.
“…la escuela tendrá en el siglo XXI la responsabilidad de educar las emociones de nuestros hijos tanto o más que la propia familia… En el contexto escolar, los educadores son los principales líderes emocionales de sus alumnos. La capacidad del profesor para captar, comprender y regular las emociones de sus alumnos es el mejor índice del equilibrio emocional de su clase.
En este momento de fuerte debate sobre los cambios educativos, sería una buena ocasión para reflexionar sobre la inclusión de las habilidades emocionales de forma explícita en el sistema escolar. Porque el profesor ideal para este nuevo siglo tendrá que ser capaz de enseñar la aritmética del corazón y la gramática de las relaciones sociales. Si la escuela y la administración asumen este reto, dotando de la formación pertinente a los educadores, hará que la convivencia en este milenio sea más fácil para todos y que nuestro corazón no sufra más de lo necesario”.

Emociones y Productividad

Durante mi experiencia laboral, el enfoque en la productividad ha sido un aspecto fundamental para lograr, tanto los objetivos de la organización en la que laboraba, como los objetivos de mi fanilia y personales.
Sin embargo, no ha sido hasta los últimos cinco años, que me he dado cuenta de que uno de los aspectos que han limitado o potenciado el resultado, ha sido mi estado emocional. Es decir, cuando mi estado emocional es positivo y se encuentra en equilibrio, mi productividad laboral y personal es alta, y viceversa.
Es por ello que decido crear este blog, con el fin de compartir tanto experiencias personales, como técnicas universales creadas por grandes pensadores para lograr un equilibrio positivo de las emociones y la productividad, tanto en lo laboral como en el ámbito personal.
Espero que esta iniciativa sea de utilidad para más personas que, como yo, el estado de ánimo, afecta el resultado en el trabajo, en la familia y en las actividades que realiza día con día.
Así que… !ÁNIMO y hagamos de esta vida una aventura!

Por favor, no dejes que te pase…

Vida, muerte, amor y su influencia en la calidad, la productividad y la competitividad

Es muy común escuchar que el empresario o jefe de un empleado le pida a éste que deje las «cosas personales», fuera del trabajo. Incluso muchas personas afirman tener esa habilidad de separar lo personal de lo laboral.
Ojalá así fuera.
La realidad es que, como más de una vez he comentado a mis Clientes, «al contratar a una persona, no sólo se consiguen dos manos y un cerebro, el paquete incluye también un corazón».
Cargar con los problemas personales en el trabajo y viceversa se conoce como el «síndrome del caracol» y se estima que anualmente se pierden en México 23 millones de horas de trabajo por problemas familiares y/o personales.
El ausentismo, el pobre rendimiento, las llegadas tarde, la poca paciencia con el jefe, los errores en el trabajo, la mala relación con los compañeros y, en general, la baja productividad; son algunas de las formas en que los problemas personales pueden afectar el trabajo de una persona.
Las implicaciones que se tienen de un entorno en donde la vida es una tragedia, la muerte se plantea como una amenaza diaria y el amor como una fuga para lograr, al menos un pedazo de cielo momentáneo; definitvamente afectan el resultado y clima de una organización.
Los problemas familiares y económicos que afectan a la mayoría de los trabajadores de todos los niveles, son variables que tienen un impacto en su rendimiento. Dependiendo de la personallidad de cada individuo, para algunos será motivo de una baja considerable de su enfoque en su actividad; mientras para otros, el trabajo será su refugio, se mantendrán ocupados y hasta dedicarán más horas de su jornada normal; aunque esto no significa que serán efectivos ni que contribuirán de manera significativa al cumplimiento de los objetivos de su organización.
En el país se ha desatado una ola de violencia que ocupa los encabezados y el grueso de las noticias locales y nacionales. Hay una «guerra» contra la delincuencia. Esto afecta el sentido de vida y de muerte que normalmente se tiene en la sociedad. De manera breve se puede decir que se refuerza la importancia de «vivir al máximo», ya que la vida no está garantizada.
Lo anterior, sumado al debilitamiento de los valores fundamentales que promueven el respeto a la vida propia y de los demás, generan un entorno crítico que refuerza el círculo vicioso de degradación social y del individuo mismo.
Los centros de trabajo, las escuelas y los grupos religiosos, se convierten en los refugios de una sociedad que vive al día, tiene miedo y acumula sentimientos que van desde la frustración, hasta la euforia por lograr hacer la diferencia… para bien o para mal.
Las organizaciones que logren generar un entorno laboral ordenado, congruente y equitativo, serán las que se conviertan en un refugio de convivencia productiva, que promueva la trascendencia del individuo a través del logro de las metas organizacionales.
Promover la mejora, reconocer el cumplimiento y reforzar la disciplina en un entorno equitativo y respetuoso; es el camino para crear un oasis de productividad en una sociedad que se mantiene al borde de una «delgada línea roja».