
El control emocional es el objetivo de la Inteligencia Emocional. No se trata de eliminar las emociones, sino de administrar la energía que la emoción genera y orientarla hacia acciones constructivas y productivas; eso es ser inteligente emocional.
No es posible evitar sentir tristeza o enojo, tampoco puedes evitar sentir miedo; sí, tampoco puedes evitar al amor y ojalá nunca podamos evitar la alegría; lo que sí es posible es administrar la energía que se genera con esos sentimientos o sensaciones.
Para algunas personas el ser «apasionado» es positivo y constructivo y es verdad; pues es más sencillo administrar la energía de la pasión que crearla cuando no existe, como en la apatía por ejemplo. Sin embargo, la pasión al desbordarse puede ser peligrosa y dañar cosas, relaciones y hasta personas.
Ser inteligente emocionalmente te permite administrar la energía destructiva de tus emociones, canalizarla hacia objetivos o actividades que generen valor para ti, tu trabajo y tus relaciones personales y/o profesionales.
Por eso la recomendación es evitar tomar decisiones importantes cuando la energía emocional es muy alta (contento, triste, enojado, temeroso, etc.). Perder el control de la energía provocada por las emociones, te puede costar muy, muy caro.
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El nuevo año es una transición que a nivel general y superficial se trata de asignar un nuevo dígito a la fecha, y que de manera profunda y significativa, para muchos, representa una oportunidad de cambio.
El nuevo año es algo imposible de evitar, está intrínsecamente relacionado con la conciencia de tiempo; por ello, para muchos, es un proceso que los enfrenta y sacude de manera emocionalmente profunda; ya sea positiva o negativamente.
Para aquellos que, al visualizar el futuro, se enfrentan ante una realidad difícil, abrumadora y dolorosa; será fundamental establecer acciones que, sin cegarse a dicha realidad, les permitan identificar las oportunidades que disminuyan o mitiguen el impacto negativo que se avecina.