Hace unas semanas publicamos una entrada titulada «Líder o Víctima», por la que recibimos algunas recomendaciones, historias y referencias acerca de la relación Víctima-Líder-Creador, todas ellas interesantes y enriquecedoras; es por ello que compartimos una de ellas de una revista en línea:
En muchos cuentos y novelas podemos localizar fácilmente quien es la víctima. Y en la vida real también. Por lo general, las víctimas se caracterizan porque son las más queridas, sufren por varias circunstancias y parece que simpre hay algo o alguien que se interpone en su camino para ser felices. Muchas veces jugamos el papel de víctimas porque es lo que nos enseñaron o aprendimos a ser, quizá porque vivimos con alguien que era así y simplemente repetimos comportamientos.
En realidad, no es que este “mal” ser víctima, porque esta actitud a final de cuentas es simplemente un recurso que tenemos porque es lo que mejor sabemos hacer hasta ahora para resolver la vida. Sin embargo, los resultados de ser víctima no son muy alentadores, pues por lo general las víctimas, como hemos mencionado, no son muy felices que digamos ni se sienten muy realizadas, sufren mucho y, por lo general, se sienten constantemente confundidas e incomprendidas.
A pesar de los resultados y la vida gris de las víctimas, muchas de ellas no desean sentirse responsables por sus vidas ni su felicidad porque, a final de cuentas, ser víctima es cómodo, no exige mucho, siempre habrá algo o alguien a quien hacer responsable, y hay tanta abundancia de pretextos que ni siquiera hay que gastar creatividad para inventarlos.
Es por eso que hay muchas víctimas que no reconocen que lo son, porque el hacerlo les exigiría un fuerte cambio, el cual consistiría en empezar a hacerse creadoras y vencer muchos impedimentos y obstáculos que requieren de trabajo, creatividad y mucha intención por avanzar. Tendrían que empezar a derribar muchos pretextos y dejar, entre otras cosas, de ser dependientes, lo cual es toda una reforma interior a lo que no todos están dispuestos.
Sin embargo, ser responsable y creador de nuestra realidad y felicidad tiene en verdad sus grandes tesoros. Quizá no sea el camino más sencillo, cierto, pero sus recompensas valen la pena, el riesgo y hasta el atrevimiento. A la larga, el creador es quien más tesoros tiene, es el que más se conoce y, por ende, el que más confianza y habilidades desarrolla. El creador es quien habilita capacidades extraordinarias de si mismo, es libre, fuerte e independiente emocional y económico, y se deleita con sabores de la vida más profundos y poco comunes.
Hablar de las fortunas del creador quizá sea difícil de explicar cuando no se han degustado. Sin embargo, la aventura de dejar de ser víctima para ser creador vale la pena.
Para empezar a ser creador, es necesario detectar donde estamos siendo víctimas de las circunstancias, para entonces poder empezar a fortalecer esta condición.
Una victima por lo general tiene estas actitudes: