Productividad de las generaciones en México

Es muy común escuchar expresiones como «Los jóvenes están perdidos, no tienen idea de a dónde van», o «en mis tiempos sabíamos lo que hacíamos». Para mi, ese tipo de expresiones son una prueba de que la persona que las expresa ha dado un brinco generacional.
Para muchas organizaciones, contratar gente joven es sinónimo de falta de experiencia, bajo nivel de responsabilidad y por ende, alto ausentismo y rotación de personal. Sin embargo, he podido constatar que lo anterior no necesariamente es cierto y tales características las encontramos en personas mayores.
Esta es una preocupación fundamental para elegir personal que contribuya a la productividad y competitividad de la organización.
En un artículo reciente de CNN Expansión, escrito por el doctor en economía Pablo Peña, se habla acerca de las personas que Ni estudian, Ni trabajan (los llamados Ninis) y menciona algunos datos que vale la pena compartir:
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo más reciente, el porcentaje de ‘ninis’ de entre 15 y 24 años representa 21%. Sin embargo, el grupo de edad que le sigue, de 25 a 34 años, es de 29%.
Para los de 35 a 44 años es de 27% y para los de 45 a 54 años es 31%. No hay por qué horrorizarnos. El fenómeno ‘nini’ es generalizado. Comparados con sus padres, los jóvenes no están particularmente ‘perdidos’.
Y si calculamos qué porcentaje de los jóvenes de entre 15 y 24 años no estudiaban ni trabajaban en el pasado, los jóvenes actualmente tampoco se ven mal.
Según cifras de la ‘Encuesta Nacional de Empleo Urbano’, hace 10 años, 27% de los jóvenes de entre 15 y 24 eran ‘ninis’. Y hace 20 años 29% de los muchachos de la misma edad eran ‘ninis’.
Así que la probabilidad de contratar personas jovenes o mayores responsables, productivos y leales, es la misma, independientemente de la generación a la que pertenezca.
 
Recomiendo ampliamente el artículo de Pablo Peña, es una lectura interesante, clarificadora, cuestionadora y productiva para entender ese grupo llamado «Ninis».

Coaching, una herramienta para la productividad personal

Mucho se ha hablado del Coaching como herramienta para el logro de metas personales, desafortunadamente hoy en día es muy común encontrar coaches que se enfocan en herramientas subjetivas y que sólo buscan «enganchar» al Cliente (llamado Coachee en el proceso de Coaching) y generar expectativas falsas acerca de lo que se puede lograr.
El Coaching tiene bases sólidas para hacer que el Cliente logre por si mismo lo que se ha planteado. No es una terapia, no es un proceso de motivación que genere más sueños que realidades.
El Coaching es un acompañamiento formal para hacer que el Cliente se cuestione sus propias limitaciones y establezca acciones para potenciar sus habilidades en pro de sus objetivos personales y profesionales. Es un proceso en donde el respeto es la base de la relación Coach-Coachee.
En mi experiencia como Coach he acompañado procesos en los que los Clientes se han enfrentado consigo mismos y modificado conductas que les impedían su desarrollo profesional. Pero también en algunos casos, el Cliente se da cuenta de que lo que buscaba en un principio, es muy diferente que lo que en realidad desea.
En cualquier caso, el proceso es de descubrimiento y aprendizaje personal.

Emociones y Productividad

La productividad es un factor de rentabilidad, competitividad en las organizaciones, también es un factor de desarrollo y satisfacción personal.
Ser productivo significa aprovechar los recursos y obtener beneficios. La relación resultados/esfuerzo, en una organización o persona productiva, es alta y positiva.
En nuestra experiencia, hemos encontrado organizaciones y personas que gustan de la actividad, del trabajo y buscan mantenerse “ocupados”, sin embargo; en muchas ocasiones esa ocupación no genera los resultados que se esperarían del esfuerzo aplicado y de los recursos utilizados. Muchas veces los logros obtenidos son producto de “sangre, sudor y lágrimas”, no del aprovechamiento inteligente de los recursos.
Las organizaciones y personas inteligentes buscan de manera cotidiana lograr más con el menor esfuerzo; lo cual implica un enfoque constante en el aprovechamiento al máximo de los recursos con que se cuentan y mantienen un aprendizaje constante para conocer nuevas y mejores formas de hacer las cosas.
Sin embargo la inteligencia requerida, si bien tiene un aspecto intelectual, es decir de adquisición de conocimientos, tiene una mayor influencia el aspecto emocional.
Una organización o una persona con recursos más que suficientes y conocimientos de vanguardia, puede ser totalmente improductiva, por la falta de habilidad para enfrentar la frustración, manejar el conflicto, establecer relaciones y auto motivarse para, en las buenas y en las malas, ser mejor cada día.