La agresividad en el trabajo afecta la productividad y la lealtad

Esta semana impartí una sesión de capacitación que giró alrededor de los 14 puntos de Deming. Al realizar la dinámica de aplicación de los conceptos y aterrizarlos a la realidad laboral de los participantes, hubo un factor común que sin lugar a dudas refleja el estilo de liderazgo de muchas organizaciones en México: El autoritarismo, la represión y el temor como elementos de dominio sobre los colaboradores.
El punto 8 de los 14 principios de Deming, establece que «Las organizaciones deben desterrar el temor y el miedo de todos sus niveles, hay que generar confianza entre la gente de manera que no sientan temor de opinar o preguntar, esto permite mayor efectividad en el trabajo y permite que las personas se esfuercen porque quieren que la empresa alcance el éxito.»
 
Este fue el aspecto que de manera coincidente los participantes señalaron como algo que DEBERÍA existir en sus lugares de trabajo.
Personas inteligentes, con experiencia y madurez, se quejaron de que la forma en que los jefes «los convencían» de hacer un cambio o implementar un nuevo proceso, era a través de gritos, advertencias y hasta amenazas de ser castigados, transferidos o quitarles su fuente de trabajo. 
Un entorno de respeto y congruencia entre la filosofía y las conductas de los miembros de una organización, son los elementos fundamentales para un clima de colaboración, mejora continua y productividad.
Lo anterior TODOS los jefes de cualquier organización lo saben, o por lo menos dicen saberlo; sin embargo, no es una práctica común (por lo menos entre los casi 30 participantes de diferentes organizaciones de la sesión de capacitación).

Para ser autoritario no es necesario prepararse, es algo fácil, cualquiera con algún tipo de «poder» puede practicarlo.

Pero ser capaz de convencer y crear un ambiente de participación y cumplimiento de objetivos, requiere de algo más que una voz fuerte y un puesto de alto nivel, es algo que se debe desarrollar con conocimiento, control emocional, constancia y congruencia en el día a día.
Esa es la diferencia entre el vulgar jefe y el admirado líder.
Una persona autoritaria se alimenta del miedo que produce en los demás, hay que tener esto presente al tratar con este tipo de personas. Por supuesto que puede haber consecuencias, pero considero que lo mejor que puede suceder es tener la oportunidad de empezar en otra organización que haya madurado lo suficiente, como para encontrar un verdadero líder y entonces poder desarrollar todo el potencial del que se puede ser capaz.
Al final, y como siempre, la decisión de soportar un maltrato es completamente personal.

Productividad de las generaciones en México

Es muy común escuchar expresiones como «Los jóvenes están perdidos, no tienen idea de a dónde van», o «en mis tiempos sabíamos lo que hacíamos». Para mi, ese tipo de expresiones son una prueba de que la persona que las expresa ha dado un brinco generacional.
Para muchas organizaciones, contratar gente joven es sinónimo de falta de experiencia, bajo nivel de responsabilidad y por ende, alto ausentismo y rotación de personal. Sin embargo, he podido constatar que lo anterior no necesariamente es cierto y tales características las encontramos en personas mayores.
Esta es una preocupación fundamental para elegir personal que contribuya a la productividad y competitividad de la organización.
En un artículo reciente de CNN Expansión, escrito por el doctor en economía Pablo Peña, se habla acerca de las personas que Ni estudian, Ni trabajan (los llamados Ninis) y menciona algunos datos que vale la pena compartir:
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo más reciente, el porcentaje de ‘ninis’ de entre 15 y 24 años representa 21%. Sin embargo, el grupo de edad que le sigue, de 25 a 34 años, es de 29%.
Para los de 35 a 44 años es de 27% y para los de 45 a 54 años es 31%. No hay por qué horrorizarnos. El fenómeno ‘nini’ es generalizado. Comparados con sus padres, los jóvenes no están particularmente ‘perdidos’.
Y si calculamos qué porcentaje de los jóvenes de entre 15 y 24 años no estudiaban ni trabajaban en el pasado, los jóvenes actualmente tampoco se ven mal.
Según cifras de la ‘Encuesta Nacional de Empleo Urbano’, hace 10 años, 27% de los jóvenes de entre 15 y 24 eran ‘ninis’. Y hace 20 años 29% de los muchachos de la misma edad eran ‘ninis’.
Así que la probabilidad de contratar personas jovenes o mayores responsables, productivos y leales, es la misma, independientemente de la generación a la que pertenezca.
 
Recomiendo ampliamente el artículo de Pablo Peña, es una lectura interesante, clarificadora, cuestionadora y productiva para entender ese grupo llamado «Ninis».

Coaching, una herramienta para la productividad personal

Mucho se ha hablado del Coaching como herramienta para el logro de metas personales, desafortunadamente hoy en día es muy común encontrar coaches que se enfocan en herramientas subjetivas y que sólo buscan «enganchar» al Cliente (llamado Coachee en el proceso de Coaching) y generar expectativas falsas acerca de lo que se puede lograr.
El Coaching tiene bases sólidas para hacer que el Cliente logre por si mismo lo que se ha planteado. No es una terapia, no es un proceso de motivación que genere más sueños que realidades.
El Coaching es un acompañamiento formal para hacer que el Cliente se cuestione sus propias limitaciones y establezca acciones para potenciar sus habilidades en pro de sus objetivos personales y profesionales. Es un proceso en donde el respeto es la base de la relación Coach-Coachee.
En mi experiencia como Coach he acompañado procesos en los que los Clientes se han enfrentado consigo mismos y modificado conductas que les impedían su desarrollo profesional. Pero también en algunos casos, el Cliente se da cuenta de que lo que buscaba en un principio, es muy diferente que lo que en realidad desea.
En cualquier caso, el proceso es de descubrimiento y aprendizaje personal.