Inteligencia Emocional: Causas del fracaso en directivos

Es cierto que en muchas organizaciones, ya se encuentran personas de alto nivel y que se espera logren grandes resultados. También es cierto que estos ejecutivos o personas clave, logran resultados “asombrosos” en el corto y mediano plazo; pero una vez que el tiempo y el entorno desgastan la estrategia inicial de estas personas; los resultados se revierten y de la cumbre caen, a veces de manera estrepitosa, al fondo y fracasan en su esfuerzo por recuperar la gloria del pasado.
Siguiendo con el tema de las competencias de la inteligencia emocional, en esta ocasión abordaremos las causas de los fracasos de ejecutivos o jefes, según los aspectos planteados por Daniel Goleman en su libro “La inteligencia emocional en la práctica”.
• Rigidez: Incapacidad para adaptarse a los cambios de la política de la empresa e incapacidad para asimilar o responder adecuadamente a la retroalimentación sobre los rasgos que deben cambiar o mejorar. Se trata, en suma, de personas que no han desarrollado la capacidad de escuchar y de aprender.
• Relaciones muy pobres: Entre los factores más frecuentemente citados se hallan las críticas muy severas, la insensibilidad o las exigencias exageradas que terminan confundiendo a sus subordinados.
Estos rasgos demostraron ser verdaderos obstáculos hasta para los ejecutivos más brillantes y dotados. Cierto ejecutivo se refirió a un colega fracasado del siguiente modo: «Es un gran estratega y posee un elevado sentido de la ética pero desprecia a las personas y sólo sabe demostrar su inteligencia menospreciando a los demás. Son muchas las personas que han tratado de ayudarle a superar esta desventaja pero, hasta el momento, parece tratarse de un caso perdido».

La flexibilidad constituye el opuesto de la rigidez. «El liderazgo ágil y la capacidad para recurrir a diferentes estilos directivos con personas pertenecientes a todos los niveles de la empresa —desde los vendedores hasta la alta dirección— exigen una buena dosis de empatia y autocontrol emocional.
Y la flexibilidad resulta imprescindible para el liderazgo y la formación.» Como dijo Patrick O’Brien, antiguo vicepresidente de ventas para Norteamérica de la Johson Wax: «en nuestra opinión, la falta de flexibilidad constituye un gran obstáculo para avanzar».
En este sentido, la diferencia existente entre los directivos que triunfan y los que fracasan suele girar en torno a dos de las principales dimensiones de las competencias emocionales que enumeramos a continuación.
• Autocontrol: Los jefes que fracasan soportan mal la presión y tienden al mal humor y los ataques de cólera. El ejecutivo con éxito, por su parte, no pierde el equilibrio durante las situaciones tensas sino que aun en medio de la crisis, mantiene su serenidad, su confianza y su responsabilidad.
• Responsabilidad: El grupo de los fracasados suele reaccionar defensivamente ante los errores y las críticas, negándolas, encubriéndolas o intentando descargar su responsabilidad sobre otras personas. Los triunfadores, por su parte, asumen sus responsabilidades, admiten sus posibles fallos y errores, toman medidas para solucionar los problemas y siguen adelante sin dar más vueltas a lo ocurrido.
• Fidelidad: Los errores suelen estar ligados al exceso de ambición, el deseo de seguir adelante a expensas de los demás. Los directivos que triunfan más muestran, por el contrario, un profundo interés por las necesidades de sus subordinados y colegas y por las exigencias concretas de la tarea que estén llevando a cabo y conceden a todo ello más importancia que el hecho de tratar de impresionar a toda costa a su propio jefe.
• Habilidades sociales: Los líderes que fracasan son poco empáticos y sensibles, y de este modo suelen exhibir un exceso de arrogancia, agresividad o prepotencia hacia sus subordinados. Y, aunque hay algunos que de vez en cuando se muestren encantadores e incluso parezcan estar interesados en los demás, esto termina revelándose como una mera fachada. Los directivos triunfadores, por su parte, se muestran empáticos y sensibles, y son considerados y respetuosos con todo el mundo, tanto superiores como subordinados.
 
Establecimiento de vínculos y aprovechamiento de la diversidad: La insensibilidad y las estrategias manipuladoras de los directivos fracasados revelan en suma, su incapacidad para establecer una red de cooperación y relaciones provechosas. Los directivos con éxito, por su parte, son mucho más capaces de aprovechar la diversidad y de llevarse bien con casi todo el mundo.

Introducción a las Competencias Emocionales

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¿Por qué es tan complicado asumir la responsabilidad de nuestras decisiones?
¿Por qué esperamos que los demás hagan primero, para después nosotros hacer lo que debe hacerse?
¿Por qué cuando algo sale mal, tendemos a buscar un culpable y es tan difícil asumir la responsabilidad por el resultado?
Daniel Goleman, establece dos megacompetencias (Conciencia de uno mismo y Autorregulación), las cuales considero que son las bases de la inteligencia emocional, estar débil en alguna de ellas significa que estamos adoptando el papel de víctima, en lugar de asumir el papel de Creador o el de Líder; lo cual nos limitará las oportunidades de mejorar tanto en lo personal como en lo profesional.
Carecer de alguna de ellas hacen que nos comportemos a la defensiva, buscando siempre quién pague las consecuencias de aquello que nos aqueja; incluso, al enfocarnos tanto en lo que no queremos, provocar o conducir mediante nuestras acciones, palabras o actitudes al resultado que tanto tememos.
Vale pues la pena conocer las competencias de manera general y en el futuro en este espacio profundizaremos en cada una de ellas.

Víctima o Creador

Hace unas semanas publicamos una entrada titulada «Líder o Víctima», por la que recibimos algunas recomendaciones, historias y referencias acerca de la relación Víctima-Líder-Creador, todas ellas interesantes y enriquecedoras; es por ello que compartimos una de ellas de una revista en línea:

En muchos cuentos y novelas podemos localizar fácilmente quien es la víctima. Y en la vida real también. Por lo general, las víctimas se caracterizan porque son las más queridas, sufren por varias circunstancias y parece que simpre hay algo o alguien que se interpone en su camino para ser felices. Muchas veces jugamos el papel de víctimas porque es lo que nos enseñaron o aprendimos a ser, quizá porque vivimos con alguien que era así y simplemente repetimos comportamientos.
En realidad, no es que este “mal” ser víctima, porque esta actitud a final de cuentas es simplemente un recurso que tenemos porque es lo que mejor sabemos hacer hasta ahora para resolver la vida. Sin embargo, los resultados de ser víctima no son muy alentadores, pues por lo general las víctimas, como hemos mencionado, no son muy felices que digamos ni se sienten muy realizadas, sufren mucho y, por lo general, se sienten constantemente confundidas e incomprendidas.
A pesar de los resultados y la vida gris de las víctimas, muchas de ellas no desean sentirse responsables por sus vidas ni su felicidad porque, a final de cuentas, ser víctima es cómodo, no exige mucho, siempre habrá algo o alguien a quien hacer responsable, y hay tanta abundancia de pretextos que ni siquiera hay que gastar creatividad para inventarlos.
Es por eso que hay muchas víctimas que no reconocen que lo son, porque el hacerlo les exigiría un fuerte cambio, el cual consistiría en empezar a hacerse creadoras y vencer muchos impedimentos y obstáculos que requieren de trabajo, creatividad y mucha intención por avanzar. Tendrían que empezar a derribar muchos pretextos y dejar, entre otras cosas, de ser dependientes, lo cual es toda una reforma interior a lo que no todos están dispuestos.
Sin embargo, ser responsable y creador de nuestra realidad y felicidad tiene en verdad sus grandes tesoros. Quizá no sea el camino más sencillo, cierto, pero sus recompensas valen la pena, el riesgo y hasta el atrevimiento. A la larga, el creador es quien más tesoros tiene, es el que más se conoce y, por ende, el que más confianza y habilidades desarrolla. El creador es quien habilita capacidades extraordinarias de si mismo, es libre, fuerte e independiente emocional y económico, y se deleita con sabores de la vida más profundos y poco comunes.
Hablar de las fortunas del creador quizá sea difícil de explicar cuando no se han degustado. Sin embargo, la aventura de dejar de ser víctima para ser creador vale la pena.
Para empezar a ser creador, es necesario detectar donde estamos siendo víctimas de las circunstancias, para entonces poder empezar a fortalecer esta condición.
Una victima por lo general tiene estas actitudes: